El Grito De Dolores

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Abuelo sostuvo mis pies firmemente.

Me senté sobre sus hombros

para alcanzar las estrellas.

Los fuegos artificiales se encendieron,

centellas de Dios en el cielo

brillaban ante mis ojos.

“¡Que viva!” gritó la multitud

con orgullo. Lo llamaban

El Grito de Dolores.

Sólo seis, aún no podía

comprender, el significado de

esa noche de Septiembre.

Todo lo que conocía era domingos de familia,

cruzar de ida y vuelta entre las fronteras,

y el himno que cantaba en los pasillos.

Iluminada por una comprensión

del patrimonio. Descubrí mi patria,

a 900 kilómetros de distancia.

Mi propia identidad.

Hoy en día, los fuegos artificiales de Chicana

iluminan mi camino bajo el mismo cielo.

Motivado por un vago y arraigado recuerdo

de mi Abuelo y El Dieciséis de Septiembre.

Abuelo held my feet tightly.

I sat on his shoulders

as I reached for the stars.

The fireworks ignited,

God-like specks in the sky

glistened before my eyes.

“¡Que viva!”

the crowd yelled with pride.

They called it El Grito de Dolores.

Only six, could not

understand the meaning of

that night in September.

All I knew were family Sundays

crossing back and forth between borders

and the himno I sang in the halls.

Illuminated by an understanding

of heritage. I discovered my

homeland, 600 miles away from it.

My own identity.

Today, the Chicana fireworks

light my path under the same sky.

Sparked by a faint and rooted memory

of my Abuelo and El Dieciséis de Septiembre.