Artistas Chilenos: Alejandro Leonhardt y lo material e inmaterial

Alejandro Leonhardt en proceso de obra. Foto por Magdalena Solar

Alejandro Leonhardt en proceso de obra. Foto por Magdalena Solar

Por Carolina Castro Jorquera

No hay nada negativo en nuestras imágenes, todo depende de quién las ve, y creo que hemos dependido mucho tiempo de alguien más… Tenemos que observar de nuevo y decidir por nosotros mismos.
— David Hammons 1986

Alejandro Leonhardt (Puerto Varas, Chile, 1985) teme volverse un manierista de sus propias creaciones y ser autocomplaciente con los objetos que luego dan origen a sus obras, por ello hace años que decidió no tener un estudio donde trabajar. Para él, propiciar el ocio, dar lugar al no-hacer, permite a la reflexión estética mantenerse alejada de un fin productivo, y tomarle el pulso a los tiempos y costumbres que se dan en el entramado social que permite la aparición de ciertos objetos y/o desechos. Hay veces en que Alejandro se encuentra frente a objetos que le guiñan el ojo, potenciales obras, y no hace más que atesorar ese encuentro hasta que de pronto pluf! todo hace sentido. Si lo desechado es aquello que no tiene nombre, mi hacer implica revertir esa condición”, dice el artista. Sus piezas producen una tremenda impresión por su belleza y gran curiosidad por su materialidad, lo hacen a uno preguntarse por ¿cómo vemos, cómo observamos nuestro entorno? Alejandro es capaz de darle a estos objetos un actitud, una parada frente al mundo, de afectarlos…y si bien los objetos no delatan esa preocupación de manera evidente, sus títulos si pueden darnos algunas pistas.

Carolina Castro: En tu trabajo, y como bien dice tu statement hay una investigación sobre los desechos que dejamos a nuestro pasar… tu vas recolectando esos desechos y los transformas en obra, les das la posibilidad de ser vistos de otro modo. ¿Cómo es el proceso de tu trabajo? 

Alejandro Leonhardt: Básicamente el impulso es intencionar a que los procesos que involucran mi hacer, sean lo suficientemente flexibles como para que físicamente, esté donde esté, pueda ensayar algún tipo de reflexión estética. Ante todo es un ejercicio que se basa en la observación y selección de material. Acercamientos que progresivamente me han permitido indagar en lo desechado y advertir en estos fenómenos singularidades tramadas por variables contextuales. Como señalas, ciertamente es una dinámica que activa la elaboración de problemas visuales presentando lo que nos rodea desde otro orden. 

CC: Tu obra parte de la recolección, lo que implica una manera de estar en el mundo, sin embargo, no es cualquier recolección, estás observando estos desechos en su potencialidad, en sus posibilidades de proyección, en lo que pueden transformarse. Como dice Francesco Giaveri en el texto que escribió de tu obra, los objetos que reúnes entran en una especie de “unidad de cuidados intensivos”, mejorándose en el proceso. 

AL: Así es, como comentaba hay un ejercicio de observar el entorno, que en un primer acercamiento solo implica recolectar indicios, señales de lo que por “X” motivo llama mi atención. Tomo nota, fotografío, obtengo muestras. Nada muy riguroso. Tomo fotos con la cámara del teléfono y escribo oraciones cortas que a la larga cobran sentido. Una labor en el tiempo que deambula entre la vaguedad y la persistencia. Puedo pasar un día, o años con esta información, hasta que llega el momento en el decido hacerme cargo de ella porque algo cobra sentido. Eso sucede cuando ciertas variables de lo recolectado develan particularidades imposibles de obviar. Es ahí cuando comienzo a experimentar físicamente con el material—la unidad de cuidados intensivos que señalaba Francesco—hago pruebas que más que nada se traducen en conocer y establecer una relación afectiva, sensible, con lo que ahí sucede.

“Lo necesario puede ser tan arbitrario como caprichos tengamos”, 2017. Capa de lluvia sobre ventana. Foto cortesía de L21 Gallery

“Lo necesario puede ser tan arbitrario como caprichos tengamos”, 2017. Capa de lluvia sobre ventana. Foto cortesía de L21 Gallery

“Indeterminado orden #2: vago”, 2016. Cables, caucho, mango de balde, neumáticos reventados encontrados en Bogotá (Colombia) y Santiago (Chile). Foto por Teresa Fischer

“Indeterminado orden #2: vago”, 2016. Cables, caucho, mango de balde, neumáticos reventados encontrados en Bogotá (Colombia) y Santiago (Chile). Foto por Teresa Fischer

CC: Vas investigando de forma paralela. Observando la particularidad, el potencial de ciertas cosas...

AL: Sí, el estar investigando en diversos problemas a la vez es algo que me activa. Sobre todo porque inevitablemente se cruzan los sentidos, mezclo peras con manzanas, pongo a prueba ciertas preconcepciones. Por lo demás, en mi caso es un hacer que no tiene horario ni lugar de trabajo, es un estado, vivir. Retomando el concepto de lo desechado, aunque sea lo más vil y despreciable, aunque pueda no servir para unos, puede servir para otros. En mi investigación advierto un estado excepcional en esa relación, el potencial dado por el tiempo de uso que físicamente se manifiesta en la superficie de los objetos. En ese sentido, si lo desechado es aquello que no tiene nombre, mi hacer implica revertir esa condición

CC: Entre tus obras, habiendo diferentes tipos de objetos…creo poder distinguir problemáticas diferentes dentro de una misma metodología de trabajo. ¿Es eso posible?

AL: Existe una metodología que permite aunar las obras, aunque ese proceder varía dependiendo las variables que presenta el problema. No obstante, la base de este sistema siempre convoca el reconocer lo que ahí está por medio de los sentidos, analizar sus signos, preguntarme cómo se manifiestan visualmente, y por lo mismo, como están determinados por factores contextuales. Luego todo toma otro rumbo, experimentando, jugando. En ese transcurso me voy dando cuenta de asuntos que no conocía, los que me permiten inferir en el problema y darle un vuelco. A grandes rasgos realizo obras que cuestionan su propia estructura, y otras que cuestionan su estructura mediante la interacción. Acostumbro a explicar ambas posibilidades atribuyendo vida a los objetos, como si tuvieran conciencia y se preguntaran por su lugar en el mundo.

Por ejemplo, hay veces en que un tipo de objeto u material cuestiona su mismidad ¿de qué estoy hecho?, ¿por qué me veo así?, ¿qué hago aquí? De esos dramas salen obras como “Su aparente fragilidad solo rehusaba la monotonía”, una escultura realizada con módulos y fragmentos de celosías de concreto que proponen bajo un nuevo orden asociativo, una secuencia lineal que deconstruye el patrón decorativo. Otras veces las preguntas mencionadas se extienden entre objetos o materiales que nada tienen que ver entre sí, como en “La tozudez de una estructura por mantener su postura” en el que un cinturón cuestiona la solidez de una sombrilla, o por el contrario, una sombrilla da espacio para que un cinturón sea el protagonista de su realidad. 

“Su aparente fragilidad solo rehusaba la monotonía”, 2014. Celosías de concreto enteras y fragmentadas encontradas en Queveda, España. Foto cortesía de L21 Gallery

“Su aparente fragilidad solo rehusaba la monotonía”, 2014. Celosías de concreto enteras y fragmentadas encontradas en Queveda, España. Foto cortesía de L21 Gallery

CC: En el caso de esta obra “Su aparente fragilidad..” ella también guarda otro tipo de relaciones, contiene vida biológica, el musgo crece entre los trozos de cemento…esta condición es excepcional entre tus obras.

AL: Claro, si ves en las imágenes donde ha sido exhibida, hay veces en que tiene musgo y hay veces en que no. Dependiendo las condiciones de humedad es necesario rociar agua para que se mantenga verde. Lo que la hace baste singular ya que usualmente las obras las limpian con un paño o plumero, a esta no, porque de alguna manera la matarías.

CC: En este plano de cuidados y mimos hacia las obras, cuéntame ¿Cómo surgen los títulos? 

AL: Desde hace unos quince años apunto palabras y frases que leo u oigo al vuelo. Las anoto porque al momento de escucharlas me generan sentido respecto de algo que estoy pensando. Primero lo hacía en cuadernos, o lo que a tuviera a mano para escribir cuando no tenía el cuaderno. Como me solía suceder, las frases con mayor gracia aparecían cuando no tenía el cuaderno. Por lo que comencé a usar las notas del teléfono, aparato que por lo demás siempre tengo a mano, y por lo mismo, traduce fielmente el día día. Ahí está todo mezclado: la lista del supermercado, direcciones, medidas de cosas que no recuerdo, anotaciones de asuntos que supuestamente no debería olvidar y frases que pueden servir para algo. Con esas frases armo los títulos.

Cada cierto tiempo traspaso las frases a un archivo Word que cree el 2014 y que ocupo hasta ahora. Es una suma de voces sueltas a las que les atribuyo un color en correspondencia al sentido de lo escrito, hay frases grises, azules, rojas, etc. Lo hago porque el color me ayuda a visualizar el carácter, la emoción de la voz que ahí se manifiesta. Llegado el momento en el que es necesario poner título a una obra, voy a la lista y armo frases. El motivo que siempre persigo es dar un nuevo sentido a la imagen que esté intentando nombrar. De algún modo este banco de frases me ha permitido ser consciente de cómo durante años ha ido cambiando mi manera de utilizar el lenguaje: cómo el lenguaje verbal interpreta al lenguaje visual, y viceversa. Recapitulando, no solo trabajo recolectando imágenes, sino también frases.

CC: Lo que genera una relación muy poética con los objetos, una apreciación poética...

AL: Sin duda, es un vínculo expresivo. Me gusta imaginar que las obras tienen una voz, y que esa voz se traspasan al espectador propiciando nuevas relaciones de sentido. Por la misma razón, hay varias obras que ha medida que han pasado los años les he ido cambiado el título. Recientemente tuve que titular dos obras; una es la volumétricamente más grande que he realizado y paradojalmente tiene el título más pequeño que he asignado: “OK”. La otra, es la obra más pequeña y tiene el título más grande que se me ha ocurrido: “Línea es a contorno, forma es a delirio. Delirio, o salir del surco al labrar la tierra”.

"Ok”, 2018. Parabrisas quebrados sobre estructura de andamios. Foto por Teresa Fischer

"Ok”, 2018. Parabrisas quebrados sobre estructura de andamios. Foto por Teresa Fischer

CC: Aquí se nos despeja otro aspecto fundamental de tu trabajo, la relación afectiva que tienes y creas con los objetos. Hay una suerte de “caridad” o “paternalismo” por darle al más pequeño un título mayor porque éste necesita más…y viceversa. 

AL: Pasa que la obra pequeña—en tamaño—puede pasar desapercibida, pero a quién no le sea indiferente, posiblemente lea su título: “Línea es a contorno, forma es a delirio. Delirio, o salir del surco al labrar la tierra”. Es decir, se enfrentará a una pequeña narración poética que a modo de causa y efecto promueve un problema monumental, una economía de los límites. Es ahí cuando algo relevante aflora, y es que, volviendo a parafrasear a Francesco “todo desecho al ser nombrado deja de ser desecho”.

CC: Qué pasa con los objetos que viste un día en la calle, y no recogiste, no utilizaste en ese momento, ¿Cómo sabes cuando es tiempo de acudir a ellos, de recolectarlos de trabajar con ellos?

AL: Es necesario aclarar que no todos los objetos con los que he trabajado los últimos años los he recolectado de la calle. Hay un par de hallazgos provenientes de bodegas y ferias de las pulgas. De cualquier modo, solo los recolecto cuando sé en qué utilizarlos. Como comentaba anteriormente hay una labor que antecede al traslado de objetos a un posible taller y es la de recolectar pruebas, indicios, fotos, asuntos menores en escala que me permiten tantear cómo y qué hacer. 

Ello es efecto de que no tengo un taller al que asistir día a día. Decidí no tener un espacio para hacer obras porque me transformo en un manierista: doy vuelta sobre lo mismo, pierdo distancia y me vuelvo autocomplaciente. Arriendo taller solo cuando sé que tengo que hacer una obra para exponer, o algo por el estilo. Sobre lo mismo, lo espacios que he ocupado como taller tampoco han sido los más convencionales. Por ejemplo, para mi última exposición individual utilicé de taller un terreno baldío, en venta, del que me apropié por tres meses y no tuve que pagar nada. Creo que si tuviera un taller perdería algo que me parece extremadamente saludable, y es “no tener la labor de hacer”. Me rehúso a pensar día a día, la reflexión estética, con un fin productivo. Es inevitable que hay días en los cuales no puedo escapar de ello, pero trato de que sean los menos.

“Recluido en giros #1”, 2014. Neumáticos enteros y recortados encontrados en Santiago, Chile. Foto cortesía de L21 Gallery

“Recluido en giros #1”, 2014. Neumáticos enteros y recortados encontrados en Santiago, Chile. Foto cortesía de L21 Gallery

CC: Entiendo, según lo que dices, que de cierto modo este “no hacer” constantemente implica también la confianza en que cada objeto que has visto, en el pasado, va a seguir estando ahí cuando lo necesites…¿Es así?

AL: No es tan así. Un desecho que está a orilla de calle posiblemente desaparezca rápido, ya que se encuentra subordinado a la políticas de aseo del sector que a su vez están determinadas por su peso y volumen. Pero no todo lo desechado, no todos los objetos cuya utilidad ha devenido se encuentra en tal situación, es posible distinguir particularidades. Sea como sea, no dependo de uno, dependo del entramado social que permite su aparición. En por ello que comprendiendo las condiciones que posibilitan la presencia de un tipo de desecho en un sector determinado, puedo barajar sus posibilidades de recolección. Razón que me han llevado a realizar instalaciones que pueden ser entendidas como de sitio específico.

CC: ¿Crees que esto último, hacer piezas site specific, está empezando a ocurrir porque llevas ya un tiempo “coleccionando objetos y experiencias” en tu mente, por lo que al llegar a cada espacio tienes un amplio listado al cual echar mano?. 

AL: Seguro es así. El tiempo me ha permitido atesorar experiencias que se traducen en ideas abiertas a las cuales echar mano. Algo así como posibilidades para generar asociaciones respecto de cada lugar, ciudad, país. Promoviendo acontecimientos que por tal condición, pueden ensayar problemas puntuales.

CC: Tomando esta metodología de la que estamos hablando, me gustará saber cómo surgió tu obra con las rejas de contención. Porque ciertamente parecen un hallazgo, una oportunidad de un solo momento. 

AL: Con Mane, mi polola, caminábamos por Francisco Bilbao pasado Pedro de Valdivia, cuando a las afueras de un supermercado vimos dos rejas de contención apoyadas a orilla de calle. Eran rejas de acero esmaltado, color verde oscuro, que en formato modulares simples y dobles presentaban un ornamento central en forma de “X”. Diseño que las hace distintivas de la comuna de Providencia, en Santiago. Al verlas, tantee su peso y traté de deducir el por qué estaban apoyadas ahí... probablemente se encontraban en proceso de reposición, ya que figuraban torcida por un par choques y sin apoyos de hormigón en su base. Días después encontré otro par en similares condiciones, pero en Avenida Seminario. Acto seguido tomé fotos, pensé y dibuje posibilidades de corte que permitieran descomponer el ornamento central. Una vez que tenía la película más o menos clara me puse de acuerdo con Víctor y César de Sagrada Mercancía, y por la noche fuimos a recoger las rejas. Ése proyecto se expuso en Sagrada Mercancía bajo el título “Lo que limita, ornamenta”.

“Lo que limita, ornamenta #1”, 2017. Cuatro rejas de acero esmaltado extraídas de la comuna de Providencia (Santiago, Chile). Foto por Teresa Fischer

“Lo que limita, ornamenta #1”, 2017. Cuatro rejas de acero esmaltado extraídas de la comuna de Providencia (Santiago, Chile). Foto por Teresa Fischer

CC: Viéndolo así, tu solo las recoges o buscas los objetos cuando tienen un lugar donde ir. 

AL: , la mayoría de las veces es porque hay una exposición en juego. Durante un tiempo recolectaba de todo. Pulsión bastante mezquina que solo saciaba mis ansias de hacer. En algún momento despabilé y me di cuenta que debía abordar esto como un problema mayor, un asunto actitudinal cuya perspectiva implicaba relacionarme a otro ritmo con el habitar. Esa decisión derivó en la metodología que he ido elaborando y que siempre voy readecuando. Hay una labor de observación y otra no menor de recolección imaginaria; un ejercicio de abstracción que me permite sacar de contexto ilusoriamente lo que está en frente para, llegado el momento, ir a recolectarlo.

CC: Uno podría abordar tus obras como vestigios de un momento de la historia, los materiales que vas utilizando pertenecen a un periodo histórico, industrial, dan cuenta del uso de una tecnología, etc. Son materiales contextuales, a pesar de que como objetos están descontextualizados. Se que este no es el centro de tu discurso, pero me interesa hacer esta analogía. Así mismo las palabras que escoges para tus títulos también corresponden a un uso del lenguaje contemporáneo, son palabras en uso en la actualidad. Tus títulos conforman una poética contemporánea. ¿De qué manera tus obras hablan del presente? 

AL: Básicamente dan cuenta del presente porque persigo señales materiales e inmateriales del ahora. Los desechos con los que he trabajado en su mayoría son vestigios materiales de como caduca la conjunción cultural diseño-utilidad. Son señales de la obsolescencia, aunque en el mismo podamos reconocer el uso de tecnologías vigentes. Los títulos que asigno a las obras, mediadas por las notas del teléfono, son vestigios, indicios inmateriales de cómo circula el lenguaje. Es decir, relaciono temporalidades. Asocio. Básicamente lo que hago todo el día es asociar momentos y circunstancias cuyo calce o descalce promueven sentidos tan críticos como poéticos del habitar.

CC: Me gustaría mucho ver una especie de “retrospectiva” donde poder ver muchas de tus obras expuestas en un mismo lugar, haciendo más visibles esos diálogos de los que hemos estado hablando, más o menos ensimismados, abiertos a otras relaciones. 

AL: Sería muy entretenido reunir las obras, rehacerlas, disponerlas bajo nuevos criterios. Se me viene a la cabeza la imagen de un parque temático en el que el visitante pasa por diferentes estados, una especie de viaje que genere nuevas posibilidades discursivas entre las obras. Me motiva pensar en las exposiciones como un viaje que pone de manifiesto un lenguaje que asume lo desconocido como impulso. Imaginando esto, parece acertado el que te refieras a estas obras como “más o menos ensimismadas”, también lo creo, es la actitud abstraída; una que se cuestiona a sí misma, aunque sin desentenderse del mundo “exterior”, puesto que de él provienen y—adoptando una nueva forma—al él interrogan.  

 

 

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